Comparto tu visión.
Mi idea es que esa independencia ha de llegarme (en su caso) a base de logros, y no de ponerme tres jerseys en casa para ahorrarme la calefacción. Otra cosa son esos hitos en los que haya que tomar decisiones trascendentales. Hay quien considera que esas decisiones deben tomarse día a día a base de abstinencia. No lo comparto.
Como chascarrillo, el verano pasado me fui con los amigos una semana de despedida. Uno de los que más tela gana, auditor por vocación y obseso del orden y el control, se acababa de comprar una casa de un millón setenta mil euros, mas la reforma, échale otros 200. Organizando el viaje, uno de los amigos dice que ha comprado un tutú fuxia para el despedido, con una diadema y unas gafas de sol a juego. Le debió costar 20€ a repartir entre 8. ¿Pues no va el tío y dice que por favor, que antes de sumar gastos al grupo los sometamos primero a votación para que el presupuesto no se vaya de las manos? Luego quedamos la primera noche para ir a cenar sushi y vino a mi restaurante favorito de Málaga; pues va el amigo y se coge un tren del aeropuerto a unos 20 minutos andando de la casa, maleta en mano, a cenar arroz con pollo

. Y así todo el viaje. Creo que hay gente cuya verdadera vocación en la vida es ponerse un cilicio.
Yo he dado muchos bandazos en la vida, pero puedo presumir de que mis historias nunca defraudan a la audiencia cuando nos juntamos unos crapulillas a charlar