CUPRA vio la luz el 22 de febrero de 2018 con un evento en el mítico y legendario Autódromo de Terramar, en Sitges. Una declaración de intenciones. Y llegó con tres coches: el Cupra Ateca, un Cupra Ibiza concept y un Cupra León TCR destinado al Mundial de Turismos. Presentación completada pocos días después en el Salón de Ginebra con el Cupra e-Racer, un coche eléctrico de carreras para el e-TCR que marcó la transformación de Seat Sport en Cupra Racing.
Pero la gestación de la marca comenzó antes, obviamente. Antes del nacimiento está el periodo de gestación. Un periodo que comenzó hace una década. Fue un 25 de julio de 2016. Había comité de dirección. Luca de Meo, entonces al frente de Seat SA, quería soluciones para Seat Sport. Y alguien puso sobre la mesa la idea que le venía rondado desde hacía tiempo: convertir Cupra en una marca independiente.
Hasta entonces, CupRa era un acrónimo de Cup Racing. Seat lo había creado cuando empezó a correr el Mundial de Rallies, una apuesta ambiciosa de Vicenç Aguilera, que entonces era el director del centro técnico de Martorell y el creador e impulsor de Seat Sport para hacer versiones deportivas basadas en los modelos de serie. El Ibiza Cupra y el León Cupra fueron desarrollados por Seat Sport, modificados en sus talleres contiguos a la fábrica de Martorell. Aceptados inmediatamente por un público deportivo.
Fue Jaime Puig, el máximo responsable de Seat Sport, quien puso la propuesta sobre la mesa. Era algo en lo que llevaba pensando hacía tiempo. Después de todo un movimiento que estaban haciendo otras marcas: modelos emblemáticos o acabados emblemáticos daban luz a marca independiente, aunque aprovechando buena parte de la producción normal. Y no se le había escapado el interés que había despertado en Cupra GT para las carreras nacionales de la categoría hacía unos años. Y, posiblemente, pesó más en competición que en una marca de cierto volumen.
El hecho de partir de modelos ya en producción –o cercanos a ella–, de recibir una personalización total en lo deportivo y en lo estético, permitía no sólo acortar plazos sino también ahorrar inversiones.
Año y medio después, Cupra ya era una realidad.