E. Gonzalo
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Los tres siniestros totales de David: "En un accidente de tráfico murieron mis padres, en otro mi hermano y en otro casi yo"
Escena número uno: sus padres van en un Audi 100 desde León a Madrid y, al pasar por Valladolid, sufren un choque frontal con otro vehículo. José muere en el acto a los 49 años y Francisca lo hace 11 días más tarde, postrada en la cama del hospital, el cuerpo como un deslavazado Scaléxtric de cables, vías, fármacos, agujas, vendas, puntos de sutura.
Escena número dos: su hermano va en un Seat León por la noche desde Colmenar Viejo hasta su domicilio en Guadalix de la Sierra y, al llegar a una rotonda, pierde el control del auto y fallece al instante. Los análisis toxicológicos hallan restos de alcohol en la sangre de Sergio.
Escena número tres: nuestro protagonista va en una moto Kawasaki ZX10 por la calle de Eduardo Dato. Conduce picado con un Mercedes lo mismo que en la carrera de cuadrigas de Ben-Hur. Al inclinar el vehículo para tomar una curva, se estrella con una farola a 130 kilómetros por hora, pierde el conocimiento y está a punto de morir.
Y entonces -15 intervenciones quirúrgicas después, una depresión después, una metamorfosis después- se abre el telón y sale este hombre a contar su historia en los institutos, en las universidades, en las cárceles, delante de los conductores infractores, quienes sueles escucharlo asintiendo con la cabeza.
David Pérez de Landazábal, 57 años, empresario y padre de tres hijos. Les dice que él sabe de lo que habla. Que eran las cuatro de la madrugada. Que había bebido alcohol. Que vino una curva. Y que el horror puede presentarse aprovechando un descuido.
[Dato número 1. En 2025, la Dirección General de Tráfico (DGT) contabilizó 1.028 siniestros mortales en los que fallecieron 1.119 personas y 4.936 sufrieron heridas que requirieron hospitalización].
(...)
La vida excesiva de David -alcohol, farra, velocidad- ya estaba allí incluso antes de la muerte accidental de sus padres.
Solo que aquel siniestro que le dejó huérfano -cuenta- hizo de catalizador autodestructivo.
Estamos en el 15 de septiembre de 1987. Su padre conduce el Audi familiar de color gris oscuro con su madre al lado. Un coche que va más rápido de lo permitido viene de frente e impacta con ellos. Los ocupantes de ambos vehículos acaban muriendo. El segundo conductor carece de seguro. Como compensación por los dos decesos, los hijos reciben un millón de pesetas: "Fue un insulto".
Y desde entonces, la ruleta rusa de huir hacia delante.
"Yo fumaba y bebía desde los 12 años. Les di muchas preocupaciones en vida. Así que, tras su muerte, me sentí culpable por las discusiones que había tenido con ellos. Todo afloró ahí", recuerda. "Y empecé a hace más excesos: no tenía quien me atase, mis planteamientos de futuro eran cero y todo me importaba un huevo; lo único que quería era divertirme, pasarlo bien".
"Terminaba de trabajar a las siete en el negocio familiar [una empresa de mármoles] y salía de fiesta. De martes a domingo. Iba de empalmada al trabajo. Puesto de alcohol o de lo que fuera", prosigue. "Cogía el coche borracho. Primero un Fiat 1 de color rojo. Luego, un Opel Kadett GSI de color blanco. Sin límites. La locura".
Estamos en el 20 de diciembre de 1988. David ha salido con su amigo Carlos a quemar la ciudad y viaja de acompañante a lomos de su Kawasaki ZX10, una parecida a la que sale conduciendo Tom Cruise en Top Gun. Primero la toman en La nuit, en la calle Orense. a las cuatro de la mañana deciden cambiar de lugar.
"Como Carlos había ligado, quedamos en que él iba en taxi a la discoteca Pick Up, en la calle Goya, y yo me iba hasta allí en su moto", avanza. "Llegué antes. Me fui a dar una vuelta en la Kawasaki".
"Entonces se coloca un Mercedes a mi lado y empezamos a picarnos, a hacer el payaso los dos. Adelantando el uno al otro. Le paso. Al llegar a un semáforo en rojo, yo decelero. Antes de parar del todo, se pone en verde. Me inclino para coger la curva, acelero y veo al coche venir a toda hostia por el retrovisor. Doy gas a la moto y se me va de atrás. Salí disparado contra una farola a 130 kilómetros por hora: impacté con el lado derecho de la cabeza y del cuerpo. Llevaba casco, algo extraño en mí".
[Dato número 2. De los 304 motoristas fallecidos, 72 lo fueron en siniestros que tuvieron lugar en autopista y autovía, lo que supone una disminución del 11% respecto a 2024. En vías convencionales se concentraron 232 personas fallecidas, que suponen un aumento del 6%].
(...)
No hubo arreglo posible para la moto, que apareció destrozada a 200 metros. Y casi le ocurre lo mismo a David.
Está a punto de morir en el propio impacto: los servicios de emergencias lo reaniman in extremis. En la UCI, el pronóstico es muy negativo: al daño sufrido en la cabeza se le suma la rotura del fémur, la cadera dislocada, el destrozo en la rodilla derecha y en la mano por varias partes, la hemorragia interna, el hematoma que va desde la base del cráneo hasta la rabadilla...
Cuando recupera el sentido, comienza a preguntarse por qué.
"Por qué, por qué, por qué... Eso era lo que me preguntaba. Estaba muy enfadado conmigo. Me decía: 'Soy un gilipollas'... Estuve dos meses así. Perdí hasta 35 kilos... Al final, tienes que culpar a alguien. Y yo culpaba al Mercedes que se esfumó tras el accidente, en vez de asumir lo ocurrido: la responsabilidad de lo que pasó fue mía".
De tal manera que, con 20 años, dice que su vida pasa "del todo a la nada". "No podía conducir, no podía valerme por mí mismo, no me quería, tenía el cuerpo destrozado". Se tira meses dependiendo de una máquina 24 horas al día para tratar de recuperar la movilidad. Escucha: "No sé si podrás volver a caminar". Tiene que pasar 15 veces por quirófano.
Entonces, vuelve a suceder.
Estamos en el 6 de diciembre de 2011. "A veces no somos conscientes de la onda expansiva de un accidente de tráfico... Mi hermano Sergio solo tenía siete años cuando murieron mis padres y, a raíz de ello, tuvo una vida muy complicada. Vivía con mi hermana Eva. Una noche salió con su ex novia, discutió, bebió y, al regresar a casa, se estrelló en una rotonda con su Seat León. Tenía 31 años".
[Dato número 3. Las personas conductoras siguen siendo las más afectadas, representando el 73% del total de fallecidos, con 818 víctimas mortales. Los pasajeros ocupan el segundo lugar, con 198 muertes, seguidos por los peatones, que suman 103 decesos].
(...)
Aquel tercer fallecimiento sumió a David en una depresión profunda de la que le costó recuperarse.
Nuestro conductor había recibido ya varias lecciones de vida, pero se conoce que no habían sido suficientes.
Un día de 2019 no para del todo el vehículo en una señal de Stop de la carretera de Burgos y es penalizado con la pérdida de cuatro puntos. Otro día del mismo año, es grabado con una cámara cruzando un semáforo en esa milésima de segundo en que el ámbar se torna en rojo y pierde otros cuatro.
Es por ello que es sancionado a asistir a un curso de recuperación en una autoescuela.
Y bendita sanción, dice.
Se llamaba Fernando Muñoz y era el padre de Germán, un chaval de 25 años que estaba acabando Ingeniería informática, amaba la música y se iba de vacaciones con su novia a Portugal. Murió tras quedarse dormido y chocar contra un pilar en el kilómetro 281 de la carretera de Madrid a Extremadura.
Aquel testimonio -"contado sin soltar ni una sola lágrima"- impactó a nuestro protagonista. "Según acabó de hablar en la autoescuela, me levanté y le conté mi historia. Que en un siniestro perdí a mis padres; que en otro perdí a mi hermano; que en otro casi muero yo... Y le dije que quería hacer lo mismo que él: tratar de ayudar a la gente".
Así comenzó a decelerar: "Hace tiempo que no cojo el teléfono ni atiendo llamadas ni con el manos libres al volante. No bebo nada. Mantengo la velocidad señalada".
Así comenzó un periplo que le ha llevado a hablar delante de jóvenes que ansían un carné de conducir y de infractores que lo perdieron. Desde 2021, es el vicepresidente de Stop Accidentes, asociación que en 2025 cumplió 20 años.
[Dato número 4. La tasa de siniestros mortales por millón de desplazamientos se ha situado en 2,1, el valor más bajo de toda la serie.
Y dato número 5. Uno de cada cuatro fallecidos en turismo y furgoneta no utilizaban el cinturón de seguridad en el momento del siniestro.
Y dato número 6. En 2025 se contabilizaron 36 días 'blancos', sin ninguna víctima mortal en las carreteras, una cifra superior a los 28 días sin fallecidos de 2024, un dato que refleja una tendencia positiva en la reducción de la siniestralidad vial...
Y dato número 7...]
El dato número 7 nos lo revela David y sirve para romper un prejuicio: "La franja de edad más peligrosa en carretera es la que va entre los 45 y los 65 años: en todos los cursos de recuperación de puntos, nueve de cada diez tienen esa edad. Solo uno es más joven... Dicho de otra manera: los hijos se cogen un taxi para volver a casa si han bebido; sus padres, menos".
(...)
"Vamos con prisa, acelerados, tarde", señala. "Me llama la atención cómo ponemos nuestras vidas en riesgo cada día, del mismo modo que lo hice yo, sin darnos cuenta".
Este hombre que casi pierde la vida, este tipo que se quedó sin hermano pequeño, este hijo huérfano de padre y madre desde los 19 años; hoy se dedica a tratar de decirles a los demás que una recta puede albergar un abismo, que una rotonda puede esconder un cementerio, que una curva puede ser un final.
Lo dice en las autoescuelas donde van los conductores que tienen que repetir curso, en los centros de reeducación vial, en empresas, en instituciones educativas.
Aquel día, le tocó hablar en un instituto de Madrid y dirigirse a chavales que tenían entre 16 y 17 años.
Entonces, les hizo la pregunta que siempre hace.
-¿Os habéis montado alguna vez con alguien que haya bebido alcohol?
"A esas edades, la mayoría suele contestar que no. Aunque hay alguno que te reconoce que sí... Ese día en el instituto había un chaval que no paraba de mirarme de una manera extraña. Al final le pregunté si quería decir algo".
-Dime.
-Bueno, yo sí he montado con alguien bebido... Pero es porque me obligaron.
-¿Cómo que te obligaron?
-Porque el conductor era... mi padre.
Escena número uno: sus padres van en un Audi 100 desde León a Madrid y, al pasar por Valladolid, sufren un choque frontal con otro vehículo. José muere en el acto a los 49 años y Francisca lo hace 11 días más tarde, postrada en la cama del hospital, el cuerpo como un deslavazado Scaléxtric de cables, vías, fármacos, agujas, vendas, puntos de sutura.
Escena número dos: su hermano va en un Seat León por la noche desde Colmenar Viejo hasta su domicilio en Guadalix de la Sierra y, al llegar a una rotonda, pierde el control del auto y fallece al instante. Los análisis toxicológicos hallan restos de alcohol en la sangre de Sergio.
Escena número tres: nuestro protagonista va en una moto Kawasaki ZX10 por la calle de Eduardo Dato. Conduce picado con un Mercedes lo mismo que en la carrera de cuadrigas de Ben-Hur. Al inclinar el vehículo para tomar una curva, se estrella con una farola a 130 kilómetros por hora, pierde el conocimiento y está a punto de morir.
Y entonces -15 intervenciones quirúrgicas después, una depresión después, una metamorfosis después- se abre el telón y sale este hombre a contar su historia en los institutos, en las universidades, en las cárceles, delante de los conductores infractores, quienes sueles escucharlo asintiendo con la cabeza.
David Pérez de Landazábal, 57 años, empresario y padre de tres hijos. Les dice que él sabe de lo que habla. Que eran las cuatro de la madrugada. Que había bebido alcohol. Que vino una curva. Y que el horror puede presentarse aprovechando un descuido.
[Dato número 1. En 2025, la Dirección General de Tráfico (DGT) contabilizó 1.028 siniestros mortales en los que fallecieron 1.119 personas y 4.936 sufrieron heridas que requirieron hospitalización].
(...)
La vida excesiva de David -alcohol, farra, velocidad- ya estaba allí incluso antes de la muerte accidental de sus padres.
Solo que aquel siniestro que le dejó huérfano -cuenta- hizo de catalizador autodestructivo.
Estamos en el 15 de septiembre de 1987. Su padre conduce el Audi familiar de color gris oscuro con su madre al lado. Un coche que va más rápido de lo permitido viene de frente e impacta con ellos. Los ocupantes de ambos vehículos acaban muriendo. El segundo conductor carece de seguro. Como compensación por los dos decesos, los hijos reciben un millón de pesetas: "Fue un insulto".
Y desde entonces, la ruleta rusa de huir hacia delante.
"Yo fumaba y bebía desde los 12 años. Les di muchas preocupaciones en vida. Así que, tras su muerte, me sentí culpable por las discusiones que había tenido con ellos. Todo afloró ahí", recuerda. "Y empecé a hace más excesos: no tenía quien me atase, mis planteamientos de futuro eran cero y todo me importaba un huevo; lo único que quería era divertirme, pasarlo bien".
"Terminaba de trabajar a las siete en el negocio familiar [una empresa de mármoles] y salía de fiesta. De martes a domingo. Iba de empalmada al trabajo. Puesto de alcohol o de lo que fuera", prosigue. "Cogía el coche borracho. Primero un Fiat 1 de color rojo. Luego, un Opel Kadett GSI de color blanco. Sin límites. La locura".
Estamos en el 20 de diciembre de 1988. David ha salido con su amigo Carlos a quemar la ciudad y viaja de acompañante a lomos de su Kawasaki ZX10, una parecida a la que sale conduciendo Tom Cruise en Top Gun. Primero la toman en La nuit, en la calle Orense. a las cuatro de la mañana deciden cambiar de lugar.
"Como Carlos había ligado, quedamos en que él iba en taxi a la discoteca Pick Up, en la calle Goya, y yo me iba hasta allí en su moto", avanza. "Llegué antes. Me fui a dar una vuelta en la Kawasaki".
"Entonces se coloca un Mercedes a mi lado y empezamos a picarnos, a hacer el payaso los dos. Adelantando el uno al otro. Le paso. Al llegar a un semáforo en rojo, yo decelero. Antes de parar del todo, se pone en verde. Me inclino para coger la curva, acelero y veo al coche venir a toda hostia por el retrovisor. Doy gas a la moto y se me va de atrás. Salí disparado contra una farola a 130 kilómetros por hora: impacté con el lado derecho de la cabeza y del cuerpo. Llevaba casco, algo extraño en mí".
[Dato número 2. De los 304 motoristas fallecidos, 72 lo fueron en siniestros que tuvieron lugar en autopista y autovía, lo que supone una disminución del 11% respecto a 2024. En vías convencionales se concentraron 232 personas fallecidas, que suponen un aumento del 6%].
(...)
No hubo arreglo posible para la moto, que apareció destrozada a 200 metros. Y casi le ocurre lo mismo a David.
Está a punto de morir en el propio impacto: los servicios de emergencias lo reaniman in extremis. En la UCI, el pronóstico es muy negativo: al daño sufrido en la cabeza se le suma la rotura del fémur, la cadera dislocada, el destrozo en la rodilla derecha y en la mano por varias partes, la hemorragia interna, el hematoma que va desde la base del cráneo hasta la rabadilla...
Cuando recupera el sentido, comienza a preguntarse por qué.
"Por qué, por qué, por qué... Eso era lo que me preguntaba. Estaba muy enfadado conmigo. Me decía: 'Soy un gilipollas'... Estuve dos meses así. Perdí hasta 35 kilos... Al final, tienes que culpar a alguien. Y yo culpaba al Mercedes que se esfumó tras el accidente, en vez de asumir lo ocurrido: la responsabilidad de lo que pasó fue mía".
De tal manera que, con 20 años, dice que su vida pasa "del todo a la nada". "No podía conducir, no podía valerme por mí mismo, no me quería, tenía el cuerpo destrozado". Se tira meses dependiendo de una máquina 24 horas al día para tratar de recuperar la movilidad. Escucha: "No sé si podrás volver a caminar". Tiene que pasar 15 veces por quirófano.
Entonces, vuelve a suceder.
Estamos en el 6 de diciembre de 2011. "A veces no somos conscientes de la onda expansiva de un accidente de tráfico... Mi hermano Sergio solo tenía siete años cuando murieron mis padres y, a raíz de ello, tuvo una vida muy complicada. Vivía con mi hermana Eva. Una noche salió con su ex novia, discutió, bebió y, al regresar a casa, se estrelló en una rotonda con su Seat León. Tenía 31 años".
[Dato número 3. Las personas conductoras siguen siendo las más afectadas, representando el 73% del total de fallecidos, con 818 víctimas mortales. Los pasajeros ocupan el segundo lugar, con 198 muertes, seguidos por los peatones, que suman 103 decesos].
(...)
Aquel tercer fallecimiento sumió a David en una depresión profunda de la que le costó recuperarse.
Nuestro conductor había recibido ya varias lecciones de vida, pero se conoce que no habían sido suficientes.
Un día de 2019 no para del todo el vehículo en una señal de Stop de la carretera de Burgos y es penalizado con la pérdida de cuatro puntos. Otro día del mismo año, es grabado con una cámara cruzando un semáforo en esa milésima de segundo en que el ámbar se torna en rojo y pierde otros cuatro.
Es por ello que es sancionado a asistir a un curso de recuperación en una autoescuela.
Y bendita sanción, dice.
Se llamaba Fernando Muñoz y era el padre de Germán, un chaval de 25 años que estaba acabando Ingeniería informática, amaba la música y se iba de vacaciones con su novia a Portugal. Murió tras quedarse dormido y chocar contra un pilar en el kilómetro 281 de la carretera de Madrid a Extremadura.
Aquel testimonio -"contado sin soltar ni una sola lágrima"- impactó a nuestro protagonista. "Según acabó de hablar en la autoescuela, me levanté y le conté mi historia. Que en un siniestro perdí a mis padres; que en otro perdí a mi hermano; que en otro casi muero yo... Y le dije que quería hacer lo mismo que él: tratar de ayudar a la gente".
Así comenzó a decelerar: "Hace tiempo que no cojo el teléfono ni atiendo llamadas ni con el manos libres al volante. No bebo nada. Mantengo la velocidad señalada".
Así comenzó un periplo que le ha llevado a hablar delante de jóvenes que ansían un carné de conducir y de infractores que lo perdieron. Desde 2021, es el vicepresidente de Stop Accidentes, asociación que en 2025 cumplió 20 años.
[Dato número 4. La tasa de siniestros mortales por millón de desplazamientos se ha situado en 2,1, el valor más bajo de toda la serie.
Y dato número 5. Uno de cada cuatro fallecidos en turismo y furgoneta no utilizaban el cinturón de seguridad en el momento del siniestro.
Y dato número 6. En 2025 se contabilizaron 36 días 'blancos', sin ninguna víctima mortal en las carreteras, una cifra superior a los 28 días sin fallecidos de 2024, un dato que refleja una tendencia positiva en la reducción de la siniestralidad vial...
Y dato número 7...]
El dato número 7 nos lo revela David y sirve para romper un prejuicio: "La franja de edad más peligrosa en carretera es la que va entre los 45 y los 65 años: en todos los cursos de recuperación de puntos, nueve de cada diez tienen esa edad. Solo uno es más joven... Dicho de otra manera: los hijos se cogen un taxi para volver a casa si han bebido; sus padres, menos".
(...)
"Vamos con prisa, acelerados, tarde", señala. "Me llama la atención cómo ponemos nuestras vidas en riesgo cada día, del mismo modo que lo hice yo, sin darnos cuenta".
Este hombre que casi pierde la vida, este tipo que se quedó sin hermano pequeño, este hijo huérfano de padre y madre desde los 19 años; hoy se dedica a tratar de decirles a los demás que una recta puede albergar un abismo, que una rotonda puede esconder un cementerio, que una curva puede ser un final.
Lo dice en las autoescuelas donde van los conductores que tienen que repetir curso, en los centros de reeducación vial, en empresas, en instituciones educativas.
Aquel día, le tocó hablar en un instituto de Madrid y dirigirse a chavales que tenían entre 16 y 17 años.
Entonces, les hizo la pregunta que siempre hace.
-¿Os habéis montado alguna vez con alguien que haya bebido alcohol?
"A esas edades, la mayoría suele contestar que no. Aunque hay alguno que te reconoce que sí... Ese día en el instituto había un chaval que no paraba de mirarme de una manera extraña. Al final le pregunté si quería decir algo".
-Dime.
-Bueno, yo sí he montado con alguien bebido... Pero es porque me obligaron.
-¿Cómo que te obligaron?
-Porque el conductor era... mi padre.